El primer día en el colegio San José Obrero fue una auténtica odisea.
Los alumnos subieron por la escalera con la mochila al hombro y entraron rápido al aula.
Allí los esperaba Miss Esther, la nueva profesora, ordenando unos lápices de colores sobre su mesa de mármol.
Con voz clara, explicó el plan del curso y encendió la pantalla digital. En ese instante, la directora entró para desearles un fantástico año escolar.
Un niño preguntó si usarían la agenda cada día, y ella respondió con un sí rotundo.
El miedo terminó y el grupo sintió una gran ilusión



